sábado, 11 de junio de 2016

UN REFRITO NECESARIO

EL COMENTARIO MIO: Mi hermano Nelson Pineda, con quien sostengo una ardua pero muy rica polémica sobre lo humano y lo divino, ha desempolvado una reivindicación emocionada  de Eduardo Galeano acerca de la "irreversibilidad" de la Revolución Cubana. Al principio no supe si el escritor de Las venas abiertas de América latina lo había hecho antes o después de sus impactante confesión -su abdicación sería más justo decir- sobre su propia obra, aunque al parecer por las señales de los tiempos en que "volvió seis años después a Cuba" impresionado por la sinceridad y el discurso de Fidel Castro nos revele que no fue sino antes: de su arrepentimiento y de su muerte. Dije entonces que esas venas abiertas se habían cerrado para siempre luego de la confesión pública de Eduardo Galeano. Como lo sigo sosteniendo -en relación con el libro y todavía más con el ejemplo desastroso de la Cuba de Fidel- me veo en la obligación de repetir en este vuelo de hoy los puntos exhibidos en aquella entrega. Me cito yo mismo, en extenso, en una frase larga que no puedo dejar de compartir con ustedes por su enorme vigencia ideológica. Y pido perdón por ello si es que se llegan a escapar mis peores fantasmas vanidosos en el acto:    



LA FRASE (LARGA) DE ANTONIO VALE; Fin de mundo, se cerraron las venas abiertas de América Latina. Su propio autor las envió con una gran naturalidad al cesto de la basura. No es cualquier cosa lo que ha ocurrido. Desde 1971, al influjo de las dictaduras y las guerrillas latinoamericanas, el panfleto político más exitoso del Continente ha sobrevivido como un catecismo laico: anda y desanda de mano en mano (de sobaco en sobaco ironizan algunos de sus críticos) como si se tratara de las verdades últimas de la Historia. No en vano algunos autores lo han caracterizado como la Biblia Latinoamericana. Un portento, pues, tenido como reflejo fiel de nuestro pasado continental, abrumado por esa prosa juvenil que empalaga y que a menudo nos convence, pero que después, ya entrados los años y las lecturas menos convencionales, descubrimos que se trata de una verdadera estafa. Que nuestros males recaen sobre la responsabilidad de los otros y no de nosotros mismos, siempre bajo el principio antiguo del yo no fui, es la singularísima propuesta del escritor uruguayo. Sí. Se trata de ella: de la vieja y recurrente "teoría de la dependencia" que tanto daño le ha hecho a buena parte de nuestros pensadores y políticos, aunque en este caso en pastillas y ofrecida a los más incautos destinatarios del lado de acá del charco: los jóvenes latinoamericanos. Los medios de difusión se han multiplicado con el tiempo y las huellas del libro alcanzan expresiones concomitantes: un nuevo prólogo de Isabel Allende a partir de 1997 o las numerosas alusiones a la obra que cristalizan en bandas de rock de las más diversas proveniencias, o el gesto de Hugo Chávez en la V Cumbre de las Américas, esa curiosa y civilizada forma de abordar a Obama sin insultarlo y que produjo de inmediato una alza descomunal en las ventas del libro. (Se lo regaló en un amistoso acto de diplomacia, como sabemos). Todos, sin excepción, sin querer queriendo, indignados por las exageraciones y las medias verdades del libro o simplemente enceguecidos por un romanticismo adolescente, hemos tenido que ver con la obra de Eduardo Galeano. En contra o a favor, poco interesa la inclinación si apelamos a su éxito. Pero que quien más a favor ha estado se convierta después de tanto tiempo -y tanto daño- en un crítico tan implacable de su propia criatura, nos parece una gran inconsecuencia. Aclaremos. A nosotros nos complace que Eduardo Galeano rectifique y diga que los tiempos son otros, vaya si nos complace, pero que catalogue a Las Venas abiertas de América Latina (su libro bandera prologado por Isabel Allende, mencionado por numerosos músicos de rock y utilizado por Hugo Chávez para marcar distancia del Imperialismo norteamericano hace apenas un lustro) de obra "pesadísima" y que por añadidura "no sería capaz de volver a leer" sí que nos provoca ciertos espasmos. Asombro e hilaridad. Y conmiseración por sus seguidores, porque no hallarán otro panfleto tan famoso en el futuro -más de 70 ediciones y el puesto 6  en Amazon.com- para seguir cultivando el peor de los vicios conocidos: la genialidad del vacío. ¡Descansa en paz, libro de mil argucias!




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miércoles, 8 de junio de 2016

ZURDOS Y DIESTROS

EL COMENTARIO MIO: No me canso de repetirlo. En medio de la muy fervorosa discusión acerca de las izquierdas y las derechas no existe una salida de mayor genio creador que aquella que la supera como problema real o que se burla permanentemente de ella. El sambenito está allí, apoltronado y con ganas de resucitar en la mitad de un debate que a menudo se vuelve desafío de franquicias deportivas. ¿Tú eres de derecha o de izquierda? te pregunta cualquier cabeza de ñame en la calle. El tipo aguarda por tu definición, la reclama ansiosamente porque no alcanza a vivir sin saberlo y sin precisarte, te hostiga y minimiza, ofende tu capacidad de razonamiento porque luces dubitativo, en fin, no entiende por qué  tu magro cerebro bloquea la necesidad que tiene todo hombre, según el escrutinio de quien interroga, de ponerse un uniforme para que lo distingan de los demás hombres por motivos ideológicos. ¿Tú eres de derecha o de izquierda? te pregunta cualquier cabeza de ñame en la calle. Y con cierto humor prestado –admirablemente prestado- yo le disparo una frase más que genial del desaparecido y talentoso Alfredo Maneiro:




LA FRASE DE MANEIRO: “La línea que separa a la izquierda de la derecha se parece más a la melcocha que al caramelo”



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martes, 7 de junio de 2016

EL HOMBRE NUEVO

El COMENTARIO MIO: Una de las cosas que ya no trago del socialismo –sea del siglo XXI o del XVI que también existió- es la insoportable manía que todos los socialistas tienen al querernos convertir, no ya para lo divino sino para lo humano, de lo  supuestamente tontos que somos a la sobredimensionada condición de hombres nuevos. Por favor, no queremos ser como ustedes. Muy lacónicamente les dedico esta frase de John Stuart Mill a ver si nos entendemos: 

   


FRASE DE JOHN STUART MILL: "Todos los errores que probablemente puede cometer un hombre contra los buenos consejos y advertencias están sobrepasados, con mucho, por el mal que representa permitir a otros que le reduzcan a lo que ellos creen que es bueno".



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